viernes, 3 de febrero de 2017

EL JUDIO DE HERVAS- ESPAÑA- Wolly Solodarsky

 EL JUDIO DE HERVAS
WOLLY SOLODARSKY 
 
CAPITULO 1 
Contemplo por ultima vez el doblon de oro. Era, segun su padre,
 uno de los pocos «excelentes» espanoles del siglo XV que aUN no habfan sido
 fundidos y reutilizados. 
No debfa desprenderse de el, salvo en situacion extrema en peligro de
 perder la  vida o la de alguno de la familia; uno de los tres ultimos 
entregados a su cuidado en  Recife. 
Nunca, hasta ese momento, le habfa dado gran valor a esas 
piezas de dorados brillos. No pasaban de ser parecidos a los adornos que llevaban 
los indfgenas de los Matos. 
Algunas veces se los habfa visto lucir cuando salfan de las espesuras 
para cambiar esos abalorios por cuchillos con los soldados de la guarnicion
 holandesa de Pernambuco. 
En verdad no representaban mucho para el pero, segun parecfa,
 tenfan gran merito  para los demas hasta el punto que esa moneda significaba 
el precio para dejar el «Saint Charles» y los autorizaran a 
desembarcar en New Amsterdam a 
todos los miembros de la familia, hermanos, madre, primos que estaban bajo su
 responsabilidad  
 desde que salieron de Pernambuco. 
La travesfa en los diversos navfos, largos meses de idas y venidas por 
los mares, las penurias sufridas y la posibilidad de acabar con ellas mediante 
la entrega de uno de los doblones dados por su padre, lo convencieron de que las 
circunstancias lo autorizaban a disponer de la moneda. 
Se la dio, como lo se lo habfa ordenado el mayor de los varones del 
grupo, adon Asser Levy, a ese extraho judio germano, Solomon Pietersen,
 que no hablaba portugues ni castellano, un ser insolito que solo farfullaba
 palabras en flamenco o en 
una jerga parecida al aleman o algo semejante. La habfa oido en boca de los 
marineros de Hamburgo en puerto de Recife cuando los barcos del Norte de Europa 
cargaban azucar o «palo de Brasil". 
Su padre solia llevarlo a los muelles. A don Diogo Senior le gustaba comprobar la 
correcta carga de los sacos en las bodegas al reparo de humedades y goteras. 
Cuidaba cada detalle y se sentfa responsable de la buena calidad de los productos de 
su ingenio azucarero. La marca «Senior» en las bolsas garantizaba a los importadores 
la pureza de la mercancfa en origen. 
Desconfiaba del tal «hermano de fe» perteneciente a una grey hebrea desconocida. 
A pesar de sus reservas, Salomon Pietersen resulto hombre de palabra, un 
correligionario de fiar. 
Al comparecer ante la Corte de Burgomaestres de New Amsterdam ese 7 de 
septiembre de 1654, David Senior solo tenia 13 anos -estaba considerado mayor de 
edad por la ley mosaica y asi aceptado por los dignatarios de la colonia holandesa-, se 
entero que el «ashkenazi», como denominaban a Solomon Pietersen, habfa 
depositado los 900 florines reunidos entre los infortunados pasajeros del «Saint 
Charles» en la tesorerfa del Tribunal a cuenta de los 2.500 que reclamaba el capitan 
Jacques de la Motthe por los pasajes y los fletes adeudados por el transporte de sus 
personas y bienes en el «Saint Charles» desde una isla del Caribe al puerto de la 
colonia holandesa, segun afirmaba el marino, desviado por una tormenta. 
El remanente lo liquidarfan con la subasta de las pertenencias, o de sus personas 
como esclavos, si no llegaba antes ayuda de familiares y congregaciones hebreas de 
los Países Bajos como habfan solicitado los llegados a la remota colonia a traves de la 
Compahfa de las Indias Occidentales. 
Al desembarcr el único patrimonio de David Senior estaba constituido por el par de 
doblones «excelentes» bien ocultos en una dura galleta marinera. Con ellos debfa 
enfrentarse a su existencia futura, sostener al resto de la familia en ese desconocido 
pais, si sus compatriotas los dejaban habitarlo. 
No pocos pobladores de New Amsterdam, encabezados por el gobernador Peter 
Stuyvesant, rechazaban la idea de tener vecinos judfos. Pero la direccion de la 
Compahfa de las Indias Occidentales en la metropolis pesaba mas en las decisiones 
del soberano holandes que la opinion de un distante funcionario territorial. 
El jovencisimo David resolvio emplear otro doblon en sobrevivir y que del ultimo 
jamas se separarfa ni el, ni ninguno de sus descendientes cuando los tuviera. Era el 
testimonio de la estirpe, de las raíces de los Senior. Esa moneda de oro «excelente», 
con palabras en latín y figuras desconocidas, la postrera de las 20 que le entregara su 
padre, don Diogo, antes de morir en una batalla contra los lusitanos en Recife. 
Era la prueba de que El Todopoderoso protegfa a los Senior y a los Alvarado desde 
la salida de sus antepasados de Hervas, ese magico nombre, escrito en hebreo y 
grabado a punta de cuchillo en la cara de los doblones. 

...Nunca saldras de manos de los Senior. 
(Falta escribir Hervas en Hebreo) 
-«Hervas», leyo en un susurro David... 
-«...Lo juro». 


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