sábado, 18 de noviembre de 2017

“CARGAMENTO DE INOCENTES”-ESPAÑA 1937

SABADO, 21 de noviembre de 2015“CARGAMENTO DE INOCENTES” ESPAÑA -VERANO DE 1937,

“CARGAMENTO DE INOCENTES”

(Condensado de Ken”)
POR LAURENCE KIRK


UN DÍA DEL VERANO DE 1937, el flamante cazatorpederos británi­co Tremendous navegaba pausa­damente cerca de la costa norte de España, la' cual estaba encargado de vigilar, cuando llegó el siguiente mensaje inalámbrico para el comandante:
ESTÉ LISTO ESCOLTAR PESQUERO FRANCES ARGONNE QUE SE HARA CARGO REFUGIADOS ESPAÑOLES.
Cuarenta y ocho horas después llegó un nuevo mensaje que ordenaba:
PESQUERO FRANCÉS RETRASADO. DIS­PÓNGASE RECIBIR A BORDO CUARENTA Y DOS REFUGIADOS AL AMANECER.
Mucho antes de apuntar el día, hallá­base el Tremendous en el punto indicado, con los cañones listos para hacer frente a cualquier emergencia. De la bruma mati­nal surgieron dos barcas pesqueras que avanzaron en silencio hasta colocarse al costado del buque de guerra. Un mensa­jero subió al puente.
A la orden, mi comandante. Copia de la lista de refugiados.
Los ojos del comandante se dilataron de asombro cuando empezó a leer:
I. José Ramón Esquerra, 7 meses.
Huérfano.
2. María Dolores Carrión, 1 año y 2 meses. Huérfana.
3. Manolo Juan Uscavilla, 2 meses. Huérfano.
El comandante suspendió la lectura para presenciar el ingreso de sus extraños huéspedes. Uno tras otro subían en bra­zos a bordo, pasaban la inspección del contramaestre y eran solemnemente en­tregados a los marineros formados en fila. El joven teniente que estaba de servicio, dirigía de cuando en cuando miradas angustiosas al puente, como si temiese que de allí cayera repentina­mente un rayo. Pero el comandante se había quedado mudo. Contó veintidós criaturas, seguidas por un lamentable desfile de diez mujeres, siete de las cuales llevaban también sus niños en brazos.
Una nube de langosta que, precipitán­dose sobre el buque, hubiese empezadd a devorar los objetos de metal, no habría sido causa de mayor asombro para el comandante. Estaba mirando absorto la increíble escena, cuando uno de los niños mayores se apartó del marinero que le servía de nodriza, dio unos cuantos pasos con piececillos vacilantes, y abriendo de par en par la boca, lanzó un tremebundo chillido. Aquello fue la señal para que sus compañeros pusieran en actividad las cuerdas vocales. Un instante después, el desafinado coro de llantos infantiles hacía estremecer el barco de proa a popa.
El comandante hizo llamar al contra­maestre y le consultó:
¿Qué podemos hacer, Huggins? ¿Quién va a cuidar de esos chiquillos?
—Me parece que habremos de cuidar­los nosotros, mi comandante.
=Eso parece. ¿Ha verificado la listó? ¿Están todos presentes y en regla ? —Pues... sí y no, mi comandante.
— ¿Cómo es eso? ¿Que quiere decir con sí y no ?
—Verá, mi comandante. Tres de los chiquillos están por nacer todavía.
—¡Pero, por Dios, Huggins! ¡En un barco de guerra no pueden nacer cria­turas!
—Sin duda, mi comandante. Pero si ese pesquero francés no llega pronto, tendrá mi comandante que permitirlo.
El comandante se pasó la mano por la frente como para enjugarse el sudor. Huggins continuó cuadrado ante el jefe. Luego preguntó:
— ¿Alguna otra orden, mi coman­dante ?
—No, no. Nada más, por ahora. Toda aquella mañana, el éter vibró con los mensajes angustiosos que enviaba el  Tremendous:
TENGO DIEZ MUJERES Y TREINTA Y DOS BEBÉS A BORDO. ¿QUÉ HAGO CON ELLOS ?
La nave capitana, que se hallaba a
buena distancia del conflicto, respondió impasible:
ESPERE PESQUERO FRANCÉS Y DELES DE COMER. SUPONEMOS DISPONE DE BAS­TANTE LECHE CONDENSADA. NO ACON­SEJAMOS DARLES RACIÓN DE RON.
El Tremendous contestó con una con­sulta más angustiosa aún:
ENTRE LOS REFUGIADOS HAY TRES MU­JERES QUE PUEDEN DAR A LUZ DE UN MOMENTO A OTRO. FAVOR DE DARME INSTRUCCIONES.
Esta vez la respuesta fue algo más alentadora:
PESQUERO FRANCÉS LLEGARÁ CON EN­FERMERAS EN 48 HORAS. RETRASE ACONTECIMIENTOS, SI ES POSIBLE.
El comandante comprendió que nada podía esperar de la nave capitana. El puente de mando y su cámara parecían ser las únicas partes del barco que no estaban invadidas por la escandalosa chiquillería. Le daba miedo abandonar aquel oásis, pero se impuso el deber de hacer una inspección sin carácter oficial. Varias escenas extrañas se desa­rrollaron entonces ante sus ojos: el mari­nero Mac-Ilroy intentando hacer el saludo reglamentario con un chiquillo en cada brazo; una mujer de faz inexpre­siva espulgando mecánicamente los hara­pos del niño que apretaba contra su pecho; una chiquilla de tres años que sujetaba con firme decisión a un her­manito de dos, y trataba de aparentar que aquel mundo de hierro no le inspira­ba miedo; y, finalmente, el marinero Farrier esforzándose por consolar a una pobre mujer que tiritaba empapada de pies a cabeza: «No se afane—le decía-,, Voy a traerle una raza de té bien calíente. Eso la hará sentirse mejor».
La mujer miraba desolada al marinero sin comprenderle. El comandante dio una zancada, para pasar sobre un chiquillo que se le atravesó gateando, y continuó su inspección.
Todas las mujeres tenían la misma mirada de aflicción y desesperanza. Los hermosos ojos oscuros de las criaturas parecían demasiado grandes para sus caritas escuálidas. El comandante siguió su camino sin decir palabra, rígido e in­conmovible, pero, cuando regresó al puente exclamó apasionadamente diri­giéndose al marinero de guardia:
—¡Malditos sean todos los que empie­zan una guerra!
—Sí, mi comandante—, repuso el marinero en el mismo tono que contes­taba a cuanto le decía el jefe.
Luego el comandante volvió a llamar al contramaestre.
—¿Dónde alojaremos a esas mujeres, Huggins ?
—Las alojaremos en el dormitorid` de la tripulación, mi comandante. Los marineros dormirán sobre cubierta.
—Bueno... ¿y las otras tres ?
—Los oficiales les han cedido sus cá­maras, mi comandante.
—Muy bien. Y esos chiquillos, Hug­gins. Hay que bañarlos y cuidar de ellos. —Sí, mi comandante.
—Haga formar a los marineros casados. En seguida.
—Está bien, mi comandante.
A poco rato, el comandante pasaba revista a la fila de marineros casados, mientras Huggins daba instrucciones y asignaba a cada uno de ellos dos criatu­ritas y una bañadera de lata.
Durante las siguientes 24 horas, la chiquillería fue sometida a una estricta disciplina mitad naval y mitad casera. El momento culminante era el del baño, a las seis de la tarde. Todas las bañaderas se ponían en fila sobre cubierta. Al sonido de un silbato, los marineros casados avanzaban con un chiquillo debajo de cada brazo. Al segundo silbido desnuda­ban a las criaturas. Al tercero, procedían a la limpieza. Era la señal para que empezaran a desgarrar el aire los terribles clarines de la protesta infantil. Pero no tardaba en apaciguarse el alboroto, y el comandante, que observaba el espec­táculo desde el puente, veía con satisfac­ción que varios chiquillos pasaban del llanto a la risa.
Se habilitó un sitio para que jugaran, cerca de los lanzatorpedos, en medio del buque, y los marineros casados hacían su servicio de guardia allí, en vez de hacerlo en los puestos de costumbre.
Quedaban por resolver otros asuntos más serios. Toda aquella noche, el carpin­tero del buque, a quien se encargó de la sala de maternidad por ser esposo de -una comadrona, envió al comandante men­sajes constantes, y el comandante envió otros tantos a la nave capitana. Las noti­cias de ésta eran tranquilizadorás, y las del carpintero no llegaban todavía a ser alarmantes. Un teniente resumió la situa­ción en esta frase: «las tres mujeres siguen con lo suyo, mi comandante»..
Pero al rayar el día se presentó en el puente de mando un mensajero.
A la orden, mi comandante. La Pérez ha dado a luz un niño. Madre e hijo están bien.
El comandante se apoyó en la baran­dilla del puente, dando un suspiro de alivio. Pero casi instantáneamente llegó un nuevo mensaje de la nave capitana:
PESQUERO FRANCÉS VARADO. SENTIMOS NO PODER PRESTAR OTRO AUXILIO. EN CASO URGENCIA HAGA RUMBO A BUR­DEOS Y DESEMBARQUE MUJERES VAN A SER MADRES. SI PUEDE ESPERAR VAYA DIRECTAMENTE A PORTLAND CON TODOS LOS REFUGIADOS, BUENA SUERTE.
Vibraban las órdenes para que el buque hiciese rumbo a Burdeos a toda marcha, cuando se presentó en el puente otro mensajero.
A la orden, mi comandante.' La Che­verra ha dado a luz una niña. Madre e hija se encuentran bien.
La sencillez con que se resolvía el con­flicto hizo mella en el ánimo del coman­dante. Empezó por pensar que se habían exagerado mucho las dificultades de traer criaturas al mundo. Le pareció que si la armada de Su Majestad Británica se encargaba de aquel menester, lo haría mejor que nadie. Además, él nunca ha­bla dejado una tarea sin terminar y, lleno de confianza, decidió que su buque y sus hombres eran capaces de hacer frente a cualquier situación. En consecuencia, celebró rápida consulta con el contramaestre Huggins, cambió las ór­denes, y el Tremendous rectificó el rum­bo y se dirigió a Portland.
Todo fue bien durante el primer día. El sol brilló en el cielo y los chiquillos se divirtieron jugando en el lugar de recreo y tomando parte en el desfile del baño. Hasta algunas de las mujeres empezaron a dar señales de sentir la alegría de vivir. Pero a las ocho del siguiente día, le llegó la hora a la tercera mujer. El caso fue muy diferente de los dos anteriores.
El apuro duró 16 horas. Toda la dota­ción del buque sabía que si hubiesen ido a Burdeos no estarían en las que estaban. Los 125 oficiales y marineros sentían comprometido el honor del Tremendous y, cuando el servicio los dejaba libres, se paseaban impacientes y nerviosos, con las manos a la espalda, como maridos que esperan la llegada de su primogénito.
Durante horas y horas salieron mensa­jes desconsoladores de la improvisada sala de obstetricia. Pero, al fin, después de una noche de insomnio, "un mensajero subió corriendo al puente.
—¡Todo bien, todo bien!—gritó jubi­loso. Pero recobró inmediatamente la compostura y se disculpó: —¡Perdón, mi comandante! ¡A la orden, mi coman­dante! De parte del carpintero. La escar­mota ha dado a luz un niño. Madre e hijo están perfectamente.
El comandante volvió a sentirse dueño de sí mismo. Ni siquiera pestañeó.
—¡Lo celebro! —repuso—. Felicite en mi nombre al carpintero, y diga al con­tramaestre que dé a todos una ración especial de ron.
La entrada del cazatorpedero en el puerto de Weymouth fue un triunfo. La mitad de la flota metropolitana estaba concentrada en el puerto y la historia era ya conocida de todos. Con las corne­tas y otras señales saludaron el paso del Tremendous. El comandante se sentía satisfecho. Le habían dado un encargo y lo había cumplido sin ayuda y sin pér­didas. Cuando pasó ante el buque almi­rante, toda la carga de chiquillos formó ante la dotación para el saludo de ordenanza.
Según parece, a instancias de su esposa, el almirante escribió después al minis­terio de Marina pidiendo que los nombres Pérez, Cheverra y Escarmota se incluye­sen permanentemente en la relación de «Hechos de Guerra » del Tremendous.
La petición fue denegada ásperamente por el ministerio; pero algunos creen que tal negativa fue una gran equivocación.

domingo, 12 de noviembre de 2017

ALBERT SCHWEITZER, MODERNO APÓSTOL DE LOS NEGROS

ALBERT SCHWEITZER, MEDICO DE SALVAJES
MODERNO APÓSTOL DE LOS NEGROS  
Gesta de caridad de un gran protestante contada por un católico
Por el Reverendo John A. O´brien
Decano del a Facultad de Filosofía  de la Universidad de Notre Dame
SELECCIONES DELREADER'S DIGEST
 Junio de 1946
QUUIEN QUIERA CONTARSE entre los Locos de Dios debe dejar a un lado todas las comodidades del mundo y consagrar su vida al servicio del prójimo. Por cerca de cuarenta años Albert Schweitzer ha sido exactamente uno de esos locos.
La transformación suya empezó en el parque principal de Colmar, capital de la Alta Alsacia. Cierto día estuvo allí largo rato contemplando la figura sumisa del negro, arrodillado y desnudo,
  que hace parte del monumento erigido cn honor del almirante Bruat y del imperio colonial de Alemania. A los ojos de Schweitzer aquel negro simbolizaba la inhumanidad del hombre con el hombre.« ¿Será cierto, como he oído decir», musitó, que explotarnos a esos negros y no les facilitamos siquiera médicos ni medicinas?»
El el viaje de vuelta a Estrasburgo, el recuerdo del negro arrodillado no se apartó un momento de su memoria.
« Pero por qué me ha de remorder la conciencia, se preguntaba. « ¿Soy acaso misionero?» Y hubiera podido añadir que, pese a su juventud— sólo tenía treinta años—se había destacado ya brillantemente en tres ramas de la cultura: era universalmente tenido por autoridad en el conocimiento y enseñanza de la Sagrada Escritura; gozaba de especial predilección entre los públicos europeos como organista de concierto; y, era autor de una notable biografía de Bach.
Precisamente en aquellos días, por obra del azar o por un decido de los hados, acertó a leer, en cierta revista, un artículo sobre el Congo. Y en estas palabras: «Les predicamos a estos naturales las excelencias y ternuras de la religión, y los dejamos padecer y morir de enfermedades fisicas que nuestros misioneros son impotentes para combatir».
Lo que Schweitzer sintió al leer esas líneas, lo refirió él mismo después: «Grande es la culpa que a todos nos alcanza por lo que los blancos de todas las naciones han hecho con los negros. El bien que les hagamos, no debemos considerarlo como benevolencia, sino como justa expiación».
El sabio y músico hizo voto de convertir el resto de su vida en larga obra expiatoria entre los salvajes. Sus amigos pusieron el grito en el cielo. Si los indígenas del África necesitaban algo, que Schweitzer allegase dinero para socorrerlos. Nadie menos llamado que él a lavar las pústulas de los leprosos con sus privilegiadas manos de artista.
Schweitzer respondió con la frase de Goethe: «En el principio, fue la acción». Y su primera acción fue matricularse en la escuela de Medicina. Pasaron cinco años. Estaba a punto de graduarse cuando surgió una sorprendente complicación. ¡El varón de los propósitos heroicos se había enamorado! Sus amigos se alegraron infinitamente. El matrimonio, decían, será el fin seguro de la loca empresa que ha comenzado.
Pero Elena Bresslau, hija de un historiador hebreo de la 'universidad de Estrasburgo, conocía niu,,- bien el proyecto de Schweitzer. Con toda franqueza se lo había éste comunicado al solicitar sus relaciones: «Estudio con el propósito de ser médico de salvajes. ¿Estarías dispuesta a pasar el resto de tu vida conmigo... en la selva?»
A lo que ella respondió: «Yo estudiaré para enfermera. Así es que, ¿cómo podrías irte sin mi?»
Ambos comprendieron que en las selvas tropicales el simple título facultativo no bastaba: era preciso contar con medicinas, vendajes, instrumental quirúrgico. De ahí que Schweitzer dictase conferencias, escribiese artículos, diese conciertos de órgano, todo para allegar recursos.
El Viernes Santo de 1913 embarcaron los recién casados para Cabo López en el África ecuatorial francesa. Allí fue donde los viajeros encontraron a su primer amigo africano, José, que había trabajado de cocinero en casa de una familia, blanca. Guiados por José,'e1 médico y su mujer remontaron en canoas el río Ogové, buscando la misión de Lambaréné. Allí estaba el corazón de esa tierra azotada por las enfermedades; de esa tierra sobre la cual había leído él tanto, y donde la muerte aumentaba su siega año tras año. Era un mundo sórdido que hervía en billones de moscas tse-tsé, hormigas, carcoma y mosquitos portadores de mortíferos contagios.
Cuando, por fin, después de tres días de penosa navegación, llegaron a Lambaréné, el doctor Schweitzer dirigió una mirada de desconsuelo a su compañera. Se les había prometido que tendrían un lugar medianamente decoroso para dormir y un hospitalizo de dos cuartos con techo y paredes de plancha de cinc. Pues bien, no había allí ni una misérrima choza para albergarlos. ¿Dónde guardar aquellos instrumentos quirúrgicos tan delicados que se oxidan con grandísima rapidez en los trópicos? ¿Donde colocar las medicinas?
En seguida pusieron mano a la dificil obra. Improvisaron una especie de campamento. Engrasaron los instrumentos. Enterraron las medicinas cerca de unos manantiales frescos y profundos, para que no se echasen a perder. Aquella actividad y aquellas raras maniobras provocaron la suspicacia de los naturales. Empezaron a arder hogueras y a reunirse en su derredor hombres desnudos como el de la estatua de Colmar. De lo más denso y recóndito de sus bosques impenetrables emergían los pigmeos. En pos de ellos, vinieron los fangos, y luego los zendíes, que se aguzan los dientes como agujas para comer carne humana.

José daba noticias alarmantes. Se trataba de una confabulación en toda regla, y nada tranquilizadora por añadidura. Los brujos predicaban el odio y el recelo hacia los intrusos. Pero Schweitzer, que los observaba, vio que muchos de los naturales andaban casi a rastras, debilitados por el paludismo, por la enfermedad del sueño, o por alguna otra de las muchas dolencias tropicales que allí abundaban.
«Vamos a trabajan», le dijo a José. -«Tráeme enfermos».
Schweitzer se instaló en un gallinero abandonado, por falta de cosa mejor. Aquél fue su primer hospital. De mesa de operaciones le sirvió un viejo catre de campaña. Para dar aspecto aceptable a éste y a las paredes, se les cubrió con lechada.
Los salvajes se apiñaron frente al «hospital». Tenían la piel tatuada y pintarrajeada de colores vivos. Los hombres empuñaban flechas arrojadizas cuchillos de ancha hoja. Algunos llevaban arcos de ébano con flechas enherboladas. En presencia de aquel concurso de aspecto tan amenazador, Schweitzer reconoció a sus primeros enfermos, unos cuantos salvajes intrépidos que se arriesgaron a probar las artes mágicas del hechicero blanco.
Uno de ellos se quejaba de dolor constante en el lado derecho. Se le persuadió a que se tendiera en el catre. Había que operarlo. Schweitzer corríó la cortina de su cuarto de operaciones para ponerse a salvo de miradas indiscretas. Pero a través de grandes agujeros que había en el techo descabalado, varios ojos brillantes de curiosidad atisban la extraña operación.
Y si muere el operado? ¿Qué acción van a tomar aquellos salvajes?
Gracias al cielo la operación termina felizmente. El enfermo se queja, y abre los ojos. Para los espectadores de la selva la operación constituye un triunfo instantáneo y portentoso. ¿No acababan de ver al brujo blanco dar muerte al negro, abrirle las entrañas e infundir vida otra vez al cadáver? Después de aquel milagro, los naturales ofrecieron gustosos su ayuda para edificar el hospital. En un santiamén estuvo construido en lo alto de un cerro, lejos del alcance de las avenidas del turbulento río. Constaba de tres piezas: sala de reconocimientos, sala de cirugía y enfermería general.
Se propaló por la selva la noticia del prodigio que había obrado el brujo blanco. Los naturales acudieron en gran número, ansiosos de recibir la muerte y volver otra vez a la vida. Schweitzer abrió quistes y tumores; extirpó hernias; curó esas grandes úlceras tropicales frecuentes en los pies de los que andan descalzos. Para que esas úlceras sanasen por completo, se requerían semanas enteras, en ocasiones meses. Mientras duraba el tratamiento, los enfermos acampaban a la puerta del hospital. Y había que darles de comer. ¡Otro problema difícil! Los parientes agradecidos de algunos enfermos traían de regalo al hospital aves, huevos, o plátanos. Otros, en cambio, esperaban que se les hicieran regalos a ellos. A menudo, los naturales, cuando les gustaba el sabor de una medicina, se robaban la botella y se la bebían de un solo trago.
Con objeto de asegurar la provisión de alimentos, Schweitzer desbrozó un pedazo de selva y plantó allí hortalizas, legumbres, frutales y palmas oleaginosas. Cambiaba cuentas y retales de telas por plátanos y tapioca. Mas era imposible vivir solamente de eso y de lo que producía su huerto. Había que importar de Europa, a un costo enorme, arroz, carne, mantequilla y papas.
A pesar de todas esas dificultades, el buen médico empezó a granjearse el cariño de los naturales. El primer año, no se le murió un solo enfermo v curó o alivió a miles de ellos. Como un apóstol de la selva, Schweitzer hizo largas jornadas a pie para llevar los auxilios de su ciencia a individuos de tribus distantes.
Que Schweitzer no se rindiera abrumado bajo el peso de sus tremendas labores se debió, como él mismo explica, a lo que en aquella selva constituía la más extraña paradoja: un piano forrado con chapa de cinc, a prueba de comején y de humedad, que le enviaron de París, como un regalo, sus amigos de la Sociedad de Bach. Por la noche, cuando el médico concluía su tarea, el músico, el experto intérprete de Bach, se sentaba al piano y, teniendo por fondo el diapasón de la selva, sus dedos arrancaban al teclado las nobles y solemnes armonías del gran maestro.
Una vez hallándose extasiado ante el piano, sintió de pronto que alguien le ponía la mano en el hombro. Se volvió. Era su mujer que le señalaba la abierta ventana. Unas sombras se deslizaban, cautelosas, hacia la enfermería. El médico murmuró entre dientes:
—¡Son zendíes! ¡Dios los confunda!
Eran caníbales que venían a apoderarse de un enfermo indefenso para su comida del día siguiente.
Schweitzer empuñó su escopeta. Un atronador disparo hecho al aire estremeció la noche. Los antropófagos, asustados, se dispersaron y huyeron.
En agosto de 1914 unos oficiales franceses se llevaron prisionero al médico.
—Ha estallado la guerra en Europa—le dijeron—. Ustedes son alemanes.
No, somos alsacianos. Y estamos trabajando aquí para contrarrestar la opresión alemana.

Pero triunfó la estulticia oficial. Embarcaron a los Schweitzer para Europa y los metieron en un campamento de concentración. Al acabarse la guerra, estaban los dos muy enfermos. Los médicos les advirtieron que no debían volver al África.
Al cabo de tres años, Schweitzer, recuperada la salud, se sintió con fuerzas bastantes para recorrer a Europa de un extremo a otro dando conciertos v conferencias para reunir fondos con destino a su misión. Viajaba en tercera, se alojaba en hoteles baratos, y ahorraba cuanto podía. En 1924 tenía ya dinero suficiente para reanudar su obra. Elena estaba demasiado delicada todavía para acompañarlo; pero iría a reunirse con él.
Entre tanto, el comején y el calor habían acabado con todo lo que Schweitzer edificara en Lambaréné. Era preciso empezar de nuevo. Por la mañana, trabajaba como médico; por la tarde, como maestro de obras. Y tenía que hacer un sobrehumano esfuerzo de voluntad para sobreponerse a la horrible soledad, al calor tórrido, y a la luz cegadora. Pero unos naturales agradecidos acudieron en su ayuda, v una misión católica situada río arriba envió al médico protestante un carpintero.
Al poco tiempo ya Schweitzer pudo informar a sus benefactores de Europa que bajaba el índice de mortalidad en la inmensa selva. Poco después, les comunicó que el número de leprosos mermaba también considerablemente. Sólo había 50,000- ¡Uno entre cada 60! «¡Mándennos medicinas, mándennos víveres, por amor de Dios!» clamaba constantemente.
Por fin, al cabo de largos años, Elena volvió al lado de su marido. Las perspectivas no podían ser más favorables para la misión. Tenían un hospital de camas, con dispensario, un cuarto de operaciones moderno, un laboratorio, una sala de obstetricia y una sección para niños.
Las últimas mejoras consistieron en una instalación de luz eléctrica—el doctor Schweitzer hizo el tendido de los alambres—y en una sala para alienados. Era costumbre de aquellas tribus ahogar a los locos en el río, obedeciendo el mandato de los brujos. En Lambaréné, Schweitzer empezó a practicar la psiquiatría elemental, y curó a varios paranoicos.
En eso estalló otra vez la guerra en Europa. Nuevo y angustioso problema. El doctor Schweitzer pidió consejo a su mujer, y, como siempre, ésta ofreció la solución acertada: «No tratemos de 'escapar. Los pobres enfermos negros nos necesitan. Es un caso de conciencia».
Esta vez no los molestaron. Y les fue posible sostener su obra durante la guerra, gracias a la ayuda efectiva y generosa de amigos y organizaciones religiosas de los Estados Unidos, que se las compusieron para hacer que recibiesen. medicinas y víveres de cuando en cuando.

Las cartas que llegan ahora de Lambaréné, reflejan el cansancio que ya empieza a rendir a los dos héroes de la caridad cristiana. Para poder resistir aquel infierno tropical, los europeos necesitan regresar a su patria, por lo menos una vez cada dos años. El doctor Schweitzer no se ha alejado de su hospital desde 1939• En las Navidades del año pasado, escribió que le era imposible dejar la misión. ¡Tenía tanto que hacer! «Yo debiera tener treinta años'en vez de los setenta que llevo sobre mis hombros. Sin embargo, gracias a Dios, estoy bastante fuerte todavía».
Sus amigos escriben a los Schweitzer exhortándoles a que vayan a los Estados Unidos y tomen un descanso, pero el médico da largas al asunto. En los seis años de dura prueba que acaban de pasar, el doctor Schweitzer encontró tiempo para escribir dos largos libros de filosofía, ¡y se propone dar remate a un tercero!
  . ¿Cuál es la filosofía de ese hombre singular? A pesar de su saber vasto y profundo, Schweitzer profesa una doctrina tan clara como sencilla.
«Existe », escribe, «una santidad esencial de la persona humana, ajena a su raza, a su color, a las condiciones en que viva. Al apartarse de ese ideal, el hombre inteligente se extravía de modo funesto y sobreviene el fin de la cultura y hasta de la humanidad misma».
Otra de sus grandes convicciones, en realidad, la idea que orienta y acrisola su vida entera, es su creencia en la supremacía de la ley de amor proclamada por Cristo.
«Únicamente mediante el amor», asegura, «podemos alcanzar la comunión con Dios»».
Hace cerca de 2000 años que San Pablo habló de los que «enloquecían por Cristo»». Desde entonces incontables hombres y mujeres han renunciado a las comodidades y bienandanzas de la vida para servir al prójimo. En compañía de esa legión inmortal y resplandeciente, figurará en los anales del sacrificio humano el nombre de ese otro loco de Dios, Albert Schweitzer.

sábado, 11 de noviembre de 2017

EL REY DE JERUSALEN HABLA ESPAÑOL

 EL REY DE JERUSALEN HABLA ESPAÑOL
El Rey de Jerusalen habla español, está muy unido a la cultura e idiosoncracia española. Está casado con una española, tiene sus hijas que son españolas. El Rey de Jerusalen vive en  Madrid.
El Rey de Jerusalen también es Rey de España.
Parece ser que los Sefardíes reconocen aunque sea como un simbolismo al Rey de España como Rey de Jerusalen..
Dejando a un lado las controversias, fanatismos, y falsas interpretaciones, escribo una interrogante sin respuesta.
¿Existirá la monarquía española  como una señal hasta el final de los tiempos para confirmación de la Palabra de Dios?
Porque así dijo el SEÑOR: No faltará a David varón que se siente sobre el trono de la Casa de Israel;
Jeremías 33. 17
 Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas- Evanelio de Mateo

ES MUY DIFICIL QUE CATALUÑA SE INDEPENDICE ALGUN DIA.

 ALGUNAS RAZONES POR LAS QUE ES DIFICIL QUE CATALUÑA ALCANZE ALGUN DIA SU PROYECTO DE INDEPENDENCIA.

1.- La percepción general a nivel mundial es que que generaciones tras generaciones Cataluña es parte integral de España.
2.-La situación de autonomía catalana no es mala, puesto  que han alcanzado un excelente nivel de desarrollo educartivo, científico y económico. Si estuviesen oprimidos bajo el gobierno español,  la región de Cataluña estaría en pobreza, escaso desarrollo...
3. Los países de Europa Occidental necesitan una España unida y fuerte ante la amenaza yihadista. el terrorismo, el tráfico de personas, drogas y armas.
4. Los matrimonios entre catalanes y el resto de españoles hace ahora más dificil la independencia de Cataluña. ¿Quién desea ver su propia familia dividida?
5. Las empresas más poderosas de Cataluña no desean la separación de España.
6. Organismos y potencias como la OTAN, UE, Estados Unidos, Inglaterra, Francia...apoyan la unidad dfe España
7. La tendencia Europea occidental es la globalización, es la unidad  y no la fragmentación.


jueves, 9 de noviembre de 2017

BEBE DEL VINO CELESTIAL- 12 AÑOS MAGNÍFICOS --Del 2,012 al 2,024.







 sábado, 31 de octubre de 2015 

12 AÑOS MAGNÍFICOS 

--Del 2,012  al 2,024.

DIRECTRICES.

Déspués de 13 años de ESCLAVITUD, viene la LIBERTAD.

 José, siendo de edad de diecisiete años (Génesis 37.2)... (Génesis )41:46 Era José de edad de treinta años cuando fue presentado delante de Faraón rey de Egipto; y salió José de delante de Faraón, y recorrió toda la tierra de Egipto.
41:47 En aquellos siete años de abundancia la tierra produjo a montones

JOSÉ  después de 13 años de esclavitud en Egipto, fue llevado ante Faraón y luego elevado como Virrey de Egipto. Vemos aquí que el año 14 significó la LIBERTAD para José y también para SU PUEBLO.

 EL 14 DE NISSÁN (POR MEDIO DEL CORDERO =CRISTO), el pueblo judío CONOCIÓ LA LIBERTAD.

 Exódo. 12:6 Y lo guardaréis hasta el día catorce (14) de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. 

Después de la tarde del día14, Fararón fue doblegado por la mano del Señor, que actuaba a travéz del brazo y la vara de Moisés levantada.

  El que nació esclavo 

se transformará en un General

 ...; y por seguir a Israel dejaron la ciudad abierta.
8:18 Entonces Jehová dijo a Josué: Extiende la lanza que tienes en tu mano hacia Hai, porque yo la entregaré en tu mano. Y Josué extendió hacia la ciudad la lanza que en su mano tenía.
8:19 Y levantándose prontamente de su lugar los que estaban en la emboscada, corrieron luego que él alzó su mano, y vinieron a la ciudad, y la tomaron, y se apresuraron a prenderle fuego.
8:20 Y los hombres de Hai volvieron el rostro, y al mirar, he aquí que el humo de la ciudad subía al cielo, y no pudieron huir ni a una parte ni a otra, porque el pueblo que iba huyendo hacia el desierto se volvió contra los que les seguían.
8:21 Josué y todo Israel, viendo que los de la emboscada habían tomado la ciudad, y que el humo de la ciudad subía, se volvieron y atacaron a los de Hai.
8:22 Y los otros salieron de la ciudad a su encuentro, y así fueron encerrados en medio de Israel, los unos por un lado, y los otros por el otro. Y los hirieron hasta que no quedó ninguno de ellos que escapase. 

Josué Nació y vivio su niñez y juventud bajo el látigo  de los  egipcios, trabajando de sol a sol, sin consuelo...sin esperanza... sin sueños...

Este mismo Josué fue el que Dios Llamó para introducir a su pueblo a la tierra prometida, fue el que derrotó a 32 reyes, y el que hizó heredar  la tierra asu pueblo de Israel.

 Fue Josué el general de la conquista, un gran estratega... murió como un hombre libre..

En el año 2014, Verás como  tus  cadenas, tus temores, depresiones y miedos se quemán por el poder del Espíritu Santo, verás como el humo se eleva hacia el cielo y se disipa dando paso a la Libertad...Confía solamente en Cristo.

LOS JUDÍOS DE SUSA Y EL PURIM

EN CORCELES VELOCES VIENEN TUS BENDICIONES


 8:10 Y escribió en nombre del rey Asuero, y lo selló con el anillo del rey, y envió cartas por medio de correos montados en caballos veloces procedentes de los repastos reales;
8:11 que el rey daba facultad a los judíos que estaban en todas las ciudades, para que se reuniesen y estuviesen a la defensa de su vida, prontos a destruir, y matar, y acabar con toda fuerza armada del pueblo o provincia que viniese contra ellos, y aun sus niños y mujeres, y apoderarse de sus bienes,
8:12 en un mismo día en todas las provincias del rey Asuero, en el día trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar. 

 Cuando Dios se enoja,
el enojo pronto se le pasa;
pero cuando ama,
su amor dura toda la vida.
Tal vez lloremos por la noche,
pero en la mañana estaremos felices Salmo 30.5

8:15 Y salió Mardoqueo de delante del rey con vestido real de azul y blanco, y una gran corona de oro, y un manto de lino y púrpura. La ciudad de Susa entonces se alegró y regocijó;
8:16 y los judíos tuvieron luz y alegría, y gozo y honra.

a los trece días del mismo mes, cuando debía ser ejecutado el mandamiento del rey y su decreto, el mismo día en que los enemigos de los judíos esperaban enseñorearse de ellos, sucedió lo contrario; porque los judíos se enseñorearon de los que los aborrecían. 

 se juntaron el día trece y el catorce del mismo mes, y el quince del mismo reposaron y lo hicieron día de banquete y de regocijo.

 Otra vez lo diré: ¡Regocijaos! Fil. 4.4

9:21 ordenándoles que celebrasen el día decimocuarto (14) del mes de Adar, y el decimoquinto del mismo, cada año,
9:22 como días en que los judíos tuvieron paz de sus enemigos, y como el mes que de tristeza se les cambió en alegría, y de luto en día bueno; que los hiciesen días de banquete y de gozo, y para enviar porciones cada uno a su vecino, y dádivas a los pobres.

AÑO DE 2014, ...EL CORONA DE BIENES TODO EL AÑO...PODRÁS ENTESAR EL ARCO DE BRONCE Y ASAETEAR A TUS FEROCES ENEMIGOS 

( por enemigos me refiero a la  depresión, desánimo, tristeza, lloro, amargura, ira,dolor,...)

Voy a contarte que en el año 1994, tuve un gran revéz en  mi vida, fue tan terrible el golpe , que sentía que no salía del hoyo de la desesperación, , casí se me hizo realidad lo del juez injusto de la parábola, pués un Juez sabiendo que el derecho estaba de mi parte no movía ni un solo dedo a mi favor...un hermano en la fe me daba palabra de aaliento y me decía:"El juez va mandarlo llamar para resolver su caso, yo estoy orando de madrugada por usted", yo me cuestionaba en mi gran dolor: "Como un juez tan ocupado en su labor me va a  llamar,.. si no quiere atender a mi petición.."..

Despertaba de madrugada triste y abatido, llorando en mi lecho,.. al igual que el salmista puedo decir que  hice mías las palabras del salmista, cuando dice que  comía su pan mojado por las lágrimas que caían de sus ojos... En las noches  mi consuelo era dormir De madrugada despertaba y volvía al instante mi aflicción, me sentía prisionero, .. mi .alma estaba desgarrada. .Al despertar abría la Biblia y me salía el pasaje. 

 2 Al tiempo que señalaré
Yo juzgaré rectamente.
 

  Porque ni de oriente ni de occidente,
Ni del desierto viene el enaltecimiento.
7 Mas Dios es el juez;
A éste humilla, y a aquél enaltece. Salmo 75.

Una noche tuvé un sueño... Venía corriendo de la casa donde nací y viví hasta los nueve años, llegué a un barranco, no había puente, ..a mi derecha ví una palmera,... enfrente un arbol caído que servía como de puente,...caminé sobre el arbol, pero este no llegaba hasta la otra orilla del barranco, dije dentro de mí. " ES IMPOSIBLE CRUZAR ESTE BARRANCO"... de repente sentí que mis piernas se abrieron y me vi comodamente  sentado sobre un animal, ...ERA UN ENORME Y HERMOSO EJEMPLAR DE TIGRE DE BENGALA,...  él empezó a caminar sobre el arbol caído, lo hacía con una gracia y suavidad apoyando sus aterciopeladas patas para no doblar  el tronco que se iba adelgazando en su cuspide. El tigre  A pesar de ser grande caminaba con mucha suavidad y experiencia sobre el final del árbol, que este ni siquiera se doblaba ,. El arbol a lo largo no alcanzaba a cubrir todo el barranco. ..aún faltaban como 3 0 4 metros para alcanzar la otra orilla, DE PRONTO DA UN SALTO ENORME  y yo encima del lomo de semejante tigre, y alcanza  tierra firme.    al estar yo en la otra orilla continué mi viaje...
DESPERTE, Y ME  QUEDÉ PENSATIVO...

Algún tiempo después  llegó el juez al negocio donde yo estaba , y al verme allí me preguntó como iba mi caso, le contesté: _sabe que mi caso  está paralizado,--el me dijó : --Llegue mañana y miramos su caso.__ Todavía le respondí.(Porque anteriormente no atendía mi petición), __ ¿ y si usted, está ocupado?.  El juez respondió. "En ese momento , mando al secretario  para que busque su expediente y lo revisamos"..

Era aproximadamente a principios de abril de hace muchos años atrás lo que escribo.  Declarabá en mis oraciones que para el 14 DE MAYO DE ESE AÑO, ( Dia de la declaración de independencia de Israel) yo también vería mi propia liberación de mis angustias... Precisamente en ese tiempo yo veía en la televisión a un predicador de apellido Domenech, que predicaba abundantemente que en ese año((1998), " tu vas a quedar libre de deudas, vas a quedar libre de esa enfermedad, de esa hipóteca...etc. ...como yo llevaba 4 años con mi situacion de desesperanza, y dos de  presentada mi solicitud ante el juzgado... yo declaraba en voz alta..".Ahora si se resuelve mi situación...no puedo cargar toda mi vida con este peso... ahora soy libre... celebraré también mi propia  liberación este 14 de mayo de 1998."

BENDITO SEA MI DIOS POR SIEMPRE...EL JUEZ RESOLVIÓ FAVORABLEMENTE MI PETICIÓN CONFORME A DERECHO, Y EL DOCUMENTO OFICIAL SALIÓ CON FECHA DE MEDIADOS DE MAY0 de 1998..

NO SOLO PAN Por Karl Detzer 1949

sábado, 31 de octubre de 2015
NO SOLO PAN Por Karl Detzer 1949
NO SOLO PAN 
 Por Karl Detzer
Condensado de «Foreign Service»)
1949

UN   DIA de 1946, Birch Bayh, joven soldado de Indiana, alto y de ojos azules, supo que pronto lo enviarían a ultramar. Al punto escribió por correo aéreo a la señorita Mildred Schlsser, empleada de la administración del condado en la ciudad de Terre Haute:
«Hágame el favor de enviarme inmediatamente cuatro dólares de semillas de legumbres. No olvide mandar algunas de maíz. Adjunto hallará el cheque.»
La carta estaba firmada: «Birch Bayh, soldado. »
La señorita Schlosser no perdió tiempo. Por el primer correo mandó 18 paquetes de semillas. Birch Bayli había sido su alumno más adelantado en las clases de agricultura que ella daba. Durante dos períodos fue presidente de un club agrícola y su sembrado de tomates en la granja de su abuelo, cerca de Libertyville, había ganado un premio de 200 dólares por ser la mejor de las huertas cultivadas en el estado por mozos de menos de 20 años. Bayh empezó a estudiar (agricultura en la Universidad de Purdue;pero al cumplir 19 año abandonó sus estudios para alistarse en el ejército.
Su plan particular de restauración europeapor poco se va a pique en el puerto de salida.
—Oiga—le dijo un sargento al ver los paquetes de semillas—las ordenanzas dicen que al soldado no se le permite llevar consigo sino equipo militar y enseres personales. Conque deshágase de esas semillas en seguida.
Bayh puso de manifiesto el primer atributo de la buena diplomacia: no dijo esta boca es mía. Pero en seguida abrió todos los paquetes y distribuyó las semillas en los bolsillos de sus distintos uniformes. Así dispersas no abultaban y los inspectores las dejaron pasar.
La compañía de policía militar de que Bayh era soldado llegó al fin a la aldea alemana de Hungen, que dista unos 54 kilómetros del norte de Francfort. Y aquí empezó el trabajo del muchacho. Todas las noches Bayh sacaba semillas de los bolsillos de sus uniformes, lo cual divertía mucho a sus compañeros. Poco a poco y con sumo cuidado logró volver a juntar
Las de cada una de las 18 variedades que había sacado de los paquetes. «La cosa me costó bastante trabajo,» decía después; pero yo estaba resuelto a tener una huerta.»
Hungen era un pueblecito que por carecer de importancia militar no había sido bombardeado en la segunda guerra mundial. Así pues, sus casas y campos estaban intactos; pero, como todo el resto de  Alemania, sus habitantes tenían hambre.
«Y no sólo hambre de alimentos,» dice Bayh, «sino también de otras cosas: hambre de algo que diera valor a la vida, de objetivos realizables a que dedicarla. Todo lo que los alemanes habían aprendido a creer y esperar había resultado falso y catastrófico. Se les había dicho que si se adherían al nazismo subyugarían el mundo, y ahora los subyugados eran ellos. Eso los desconcertaba. A los norteamericanos  no los comprendían, y no sabían qué esperar de ellos.»
Los alemanes que más preocupaban a Bayh eran los niños, que parecían abatidos y apáticos. «Esto me inquietaba mucho,» dice, «y de ello hablé al cabo George Rademacher, de nuestra compañía, el cual estaba encargado de las actividades de la gente menuda del pueblo. Mucho le  gustó mi idea de sembrar huertas y dar en ellas ocupación a los muchachos s de ambos sexos. Habló del proyecto ,il burgomaestre, que prometió ayudar.
«En las afueras del pueblo hallamos un terrenito desocupado, de unas ocho áreas de extensión. El suelo parecía bastante bueno. El burgomaestre envió a un Hombre con una yunta de bueyes para arar el terreno.»
En seguida Bayli hizo saber a todos los muchachos y muchachas del pueblo que les les tenía, empleo. Se presentaron90 pertenecientes a 45 familias. El número de muchachas era casi igual al de muchachos. Bayli dividió el terreno en 45 eras rectangulares, aproximadamente de seismetros de largo por 1,8 de ancho.
«A cada era,» dice, «le asigné dos muchachos, tratando siempre de que fueran hermanos, a fin de que lo que en ella se cosechara fuese a una misma familia. Los chicos llevaron sus propias herramientas y sin demora empezaron a preparar las eras.»
Pronto empezó un período de lluvias y tiempo frío que duró un mes. Bayh no quiso que las semillas se sembrasen antes que la tierra estuviera suficientemente seca. Entre tanto puso a los muchachos a trabajar en otras cosas. Con madera y clavos que el ejército norteamericano consintió en darles, construyeron una casa de herramientas.
«Quería hacer ver a aquellos chicos,» dice Bayh, «cuánto podían hacer si trabajaban aunadamente. No habría sido lo mismo si les hubiéramos dado una casa de herramientas ya hecha. Se enorgullecían de la que ellos mismos habían construido y la miraban como cosa que les pertenecía de derecho. Ese sentimiento de satisfacción era de suma importancia."
Luego que el tiempo mejoró y el suelo se secó lo suficiente, Bayh dividió sus preciosas semillas en 45 partes iguales, y sus jóvenes horticultores sembraron maíz, tomates, coles, habichuelas, nabos, zanahorias, pepinos y otras legumbres. Cada pareja de muchachos se desvivía por ser la primera en recolectar su cosecha y por producir la mayor cantidad de frutos y los de mejor calidad. Gracias al mozalbete de Indiana, 90 pares de manos alemanas hallaron en qué ocuparse y 90 espíritus alemanes sintieron el contento de ver fructificar las plantas que tan asiduamente habían cultivado.
"Aquellos chicos" dice Brayh. "Se dieron  cuenta de que si cada uno ponía de su parte, en el invierno próximo no tendrían que acudir al gobierno ni a las instituciones de socorro con tanta frecuencia como en años anteriores.»
Cuando la señorita Schlosser envió a Bayh las semillas de legumbres, le envió también algunas para jardines de flores. Sembrolas en arriates alrededor de la huerta, y encargó de las matas a los chicos. «Los grupos de flores eran muy bellos,» dice. «La gente de la aldea iba a admirarlos los domingos por la tarde. »
Ese verano los muchachos produjeron cantidades pasmosas de legumbres. Cada familia recibió 13 kilos de col, tres de habichuelas, nueve de espinaca, cuatro kilos de nabos, tres de nabos y 14 de tomates. Los muchachos llevaban a sus casas perejil, pepinos, pimientos, remolachas, lechugas, bretón y yerbas de varias clases. El invierno de 1947 Hungen tuvo abundancia de alimentos. Los alemanes económicos recogieron y conservaron semillas cuidadosamente, las cuales sembraron en el verano de 1948 continuando asi la labor iniciada por Birch Bayh.
Retirado del ejército, Bayli ha emprendido otra vez sus estudios de agricultura enla Universidad de Purdue. «Apuesto, » dice, «que si todos los chicos de Alemania pudieran trabajar en huertas como ésas, no habría peligro de que en el país surgiera otro Hitler, por lo menos dentro de los 15 o 20 años próximos. Esos chicos necesitan alimento tanto material como espiritual; algo que los aliente a vivir tranquila y pacíficamente. »