viernes, 9 de diciembre de 2016

LAS TARDES CON LA ABUELA-(De España a Huehuetenango 4)

Óscar Mayorga
LAS TARDES
CON LA ABUELA
RETRATO DE FAMILIA EN LA DISTANCIA
CONSEJO ESTATAL PARA LAS CULTURAS Y LAS ARTES DE CHIAPAS
2 0 0 8

Los nuevos esposos establecieron su hogar en la ciudad
de Guatemala, aunque Luis viajaba gran parte del año por la
región de la Costa por los negocios del café. Desde que decidió
casarse y seguir a Luis en su nueva tierra, Trinidad pensó
que se daría a esa nueva vida completamente. Para eso decidió
también integrarse plenamente al estilo de vida y a las
costumbres guatemaltecas.
Sería en verdad una nueva vida,
donde todo el pasado quedaría atrás y no contaría más.
Incluso el apelativo de la Marrana nunca más lo volvió a oír.
Ahora era la Mesha, la Canche, la Güera, es decir, la rubia,
por el color de sus ojos y sus cabellos. Pero eso, lejos de
molestarla, le agradaba.
La tierra guatemalteca y los chapines
la recibieron desde el principio muy bien y ella nunca
echó de menos a su familia ni a su pueblo. La gente era
amable con ella y pronto se llegó a sentir totalmente integrada
a la cultura y a las costumbres de Guatemala
. Y, sobre
todo, Luis la adoraba y, en poco tiempo, los hijos empezaron
a llegar.
Después de unos años, en cuanto pudo establecerse en
un trabajo propio, Luis empezó a trabajar por su cuenta.
Había acumulado un buen capital y se le presentó la oportunidad
de adquirir un buen negocio en
Huehuetenango y
así lo hizo. Luis y Trinidad, que ya tenían cuatro hijos, se
mudaron a una finca enorme en las afueras de Huehuetenango,

donde los niños tenían todo el espacio que quisieran
para correr y jugar. Con el tiempo dieron por llamar a la
finca la Casa Grande. En el jardín Trinidad cultivaba rosas y
violetas y había también una huerta grande con muchos
árboles frutales
.
A Luis le gustaban mucho los perros y tenía
algunos de muy buena raza que cuidaban la casa por las
noches y durante el día eran la adoración de los niños. Tenía
también muy buenos caballos y dos coches tipo calesa en
los cuales se transportaban al centro de Huehuetenango.
Todos se sentían felices.
Allí nacieron otros tres hijos, el
menor de ellos, mi padre, Fermín Maldonado, en 1850, cuando
la abuela Trinidad tenía ya más de cuarenta años.

Los Maldonado Fernández eran muy bien apreciados por
la sociedad huehueteca. Eran ricos, trabajadores, buenos
cristianos y guapos,
decía la gente
. Sus hijos crecían sanos
y la vida les sonreía en todos los aspectos. La poca belleza
de la familia, según la abuela Pina, procedía, sin duda, de
ellos. Tanto Luis como Trinidad eran de facciones finas, ojos
claros y cabellos rubios.
Al menos, era un tipo de belleza
que se admiraba mucho
en aquella época en la sociedad
guatemalteca, donde la mayoría indígena o mestiza de la
población daba un toque moreno a la piel de los guatemaltecos.
Ambos habían perdido su acento valenciano y hablaban
como verdaderos chapines

Nota del Bolg.
Mesho se decía de una persona de cabello rubio por la semejanza del pelo o barba del maiz cuando esta en la planta verde o mata propiamente en el campo es  de un color rojizo o dorado muy brillante.
Güera o Güero:En Huehuetenango se llama a  una persona de ojos verdes. En México se dice de una persona de cabellos rubios.

LAS TARDES CON LA ABUELA- (De España a Huehuetennago 3)

Óscar Mayorga
LAS TARDES
CON LA ABUELA

RETRATO DE FAMILIA EN LA DISTANCIA

CONSEJO ESTATAL PARA LAS CULTURAS Y LAS ARTES DE CHIAPAS
2 0 0 8


 Cuando Luis consideró oportuno, le escribió a los padres
de la joven pidiéndoles la mano de su hija. Regresar a casarse
a Valencia significaba un desembolso de dinero que
podía evitarse si la boda se hacía por poder y ella venía a
América donde estaría esperándola. La familia Fernández
aceptó porque conocía bien a Luis y a toda la familia Maldonado.
Trinidad Fernández era una bellísima joven de largos
cabellos rubios y rizados, grandes ojos verdes,
risueños,
como palomas soñadoras. Tenía veinticuatro años
y si bien
su familia tenía un remoto origen sefardita, en aquel entonces
todos eran ya cristianos. Marranos, les solían llamar en
Valencia a los Fernández en el pasado,
le había contado su
abuela a Trinidad.
Los Fernández, como muchas otras familias de apellidos
terminados en “ez” (que significa “hijo de”) como: López,
Sánchez, Ramírez, Martínez, González o Méndez, se decía
que eran de origen sefardita, de aquellos hebreos radicados
en la Península Ibérica desde tiempos de los romanos
y que
habían sido expulsados en tiempos de los Reyes Católicos.
Pero la tradición contaba que ellos esperaban regresar un día
a la antigua Sefarad, como llamaban a España, y se habían
llevado consigo al partir la llave de su casa. Comunidades
enteras de esos sefarditas expulsados conservaron su lengua,
el ladino, especie de español antiguo, y sus costumbres,
donde quiera que se establecieron. Los que abjuraron de su
fe hebrea, se convirtieron al cristianismo y pudieron salvarse
de la muerte o del exilio. Porque muchos de ellos perdieron
la vida en la Inquisición, acusados de seguir practicando su
religión. Como solían ser familias acomodadas, al ejecutarlos
se decomisaban sus propiedades, por lo que la denuncia verdadera
o falsa contra los judíos, tenía también un interés económico.
La ignorancia de la época los acusaba de practicar
misas negras y orgías donde se alimentaban con carne de
niños recién nacidos. El apelativo de marranos era infaman
 te, pero los sefarditas lo portaban hasta cierto punto con orgullo,
porque significaba que eran distintos, que seguían siendo
el Pueblo Escogido y que seguirían siendo fieles a su fe en el
Dios único, cuyo nombre es Santo.
Cuando Luis conoció a Trinidad, que vivía en un pueblo
vecino al suyo, la familia Fernández estaba ya completamente
integrada a la cultura cristiana de los lugareños. Sin embargo,
algo quedaba de aquel rescoldo lejano y los propios hermanos
de Luis se referían a la joven Trinidad como la
Marrana.
Cuando él partió rumbo a América ella le prometió
por su Dios que lo esperaría toda la vida. Y Luis cumpliría su
promesa de casarse con ella.
La boda se llevó a cabo en Valencia y a Luis lo representó
su hermano mayor, el que se había quedado en el pueblo.
Trinidad hizo sola el largo viaje en barco hasta Nueva Orleans
y de allí se embarcó rumbo al Puerto de Santa María, hoy
Puerto Barrios, en Guatemala,
donde Luis la esperaba. Habían
pasado varios años y aquellos que se habían despedido
siendo casi adolescentes, eran ahora un hombre y una mujer
“hechos y derechos”. Luis Maldonado se había dejado la
barba y eso le daba más años de los veintiséis que realmente
tenía. Trinidad estaba más bella aun de lo que él la recordaba.
El encuentro en el muelle del Puerto de Santa María
fue muy emotivo. Ella descendió a través de la pequeña
pasarela del barco en que había viajado desde Nueva Orleans
y reconoció inmediatamente a Luis, a pesar de la barba
y de la piel bronceada por el sol americano que ahora tenía.
Él no podía dar crédito a sus ojos y su corazón se puso a palpitar
tan fuerte que creyó que le iba a estallar en el pecho.
Allí, frente a él estaba una mujer rubia y elegante, con un
vestido largo de raso verde y un sombrerito, según la moda
de la época, que hacía juego con el traje. Todas las miradas
estaban puestas en ella
mientras descendía la escalerilla del
barco. Luis no recordaba que fuera tan bella. La tomó en sus
brazos y la besó en los labios sin importarle que estaban a la
revistade todos. Una vez que hubieron recogido el baúl y las
maletas de Trinidad, tomaron un coche de alquiler que los
llevó a un pequeño hotel en el mismo Puerto de Santa María,
donde podrían descansar y donde iniciarían una luna de
miel que iba a durar más de cuarenta años.
Después de unos
días se trasladaron a Guatemala. Se quisieron siempre y fueron
grandes amantes todo el tiempo que vivieron juntos,
hasta que la muerte los separó.

jueves, 8 de diciembre de 2016

EL VELO RASGADO- EL BAUTIZMO

 EL VELO RASGADO
 POR GULSHAM ESTER Y THELMA SANGTER

El día siguiente visité de nuevo a Razia y fui desde su casa a la casa de los Major como lo
había hecho antes Esa vez la señora Major estaba en su casa. Les mostré las Escrituras que
había encontrado.
- Aquí le señalé me dice que debo bautizarme.
Por favor, ¿podría usted bautizarme?-
Se agarró la cabeza.
- Hija mía, en nuestra denominación no practicamos el bautismo.-
Me miró con una expresión extraña.
- ¿Se da cuenta lo que podría suceder si se bautizara?
Acaso, que no pueda volver otra vez a su casa. Su familia incluso trataría de matarla. Sí,
una familia tan amorosa como la suya podría cambiar hasta tal punto si vieran que uno de
sus miembros abandona la fe musulmana.

Hubo un breve silencio. Traté de imaginar una situación como esa. Ser echada de mi
familia, tal vez asesinada.... Recordé el concilio de la familia ... El rostro de cada uno de
ellos era como de halcones que se volvían contra mí Luego pensé en las últimas palabras de
mi padre a mis hermanos: "Cuiden a su hermana." Con seguridad, en última instancia, ellos
obedecerían ese mandamiento sagrado y final. Pero aun si no lo hicieran y realmente
trataran de dañarme, aun así debía seguir este camino. Las palabras de Jesucristo habían
echado raíces en mi vida y ahora había frescura, vitalidad y crecimiento donde antes estaba la esterilidad de una religión que miraba sólo al pasado.

Entonces dije con firmeza, de modo que no pudiera quedar ninguna duda en cuanto a mi
decisión:
-Jesús Emmanuel me ha dicho que debo ser su testigo y el bautismo es el próximo paso a dar. Debo obedecer, o perderé ese derecho a esta paz que ahora tengo. Será mejor morir con Cristo que vivir sin El.- 

El señor Major entrecruzó miradas con su esposa que asintió en forma suave con la cabeza.
El se dirigió de nuevo hacia mí:
- Bueno, que así sea. Si Jesucristo le ha hablado en forma tan clara, no debe ir en contra de su voluntad. Sin embargo, no sería aconsejable que la vean ir a Lahore conmigo. Mi esposa la acompañará en el ómnibus. De todos modos, ella tiene que llevar a nuestra hija de
regreso a la escuela. Yo iré en seguida.
En realidad, la acompañaré con mucho gusto, Gulshan - dijo la señora Major inclinándose
para tomar mis manos en las suyas.Fue un toque muy humano, dándome la bienvenida a la familia de mi nueva fe
Así decidí mis planes, con muy poca emoci6n, como si estuviera disponiendo de la vida de
alguna otra persona Con frecuencia se dice que el Islam nació en el desierto y sus
seguidores aprendieron, en esa dura y cruel escuela, a obedecer fines más elevados que los
propios.
Los sentimientos personales no se consideraban nunca como una razón suficiente para
desviarse de algo. Del mismo modo, para seguir a Jesucristo, yo podría aplicar hábitos de
obediencia de largo alcance, en situaciones en que los sentimientos humanos podrían
traicionarme
No obstante, al hacer mis planes, no podía cerrar del todo la puerta a mi familia. Para ser
sincera, esperaba que podría seguir adelante con el bautismo y luego volver a casa, a vivir
mi propia vida. Como creyente no instruida, imaginaba que los pasos que estaba tomando

eran todo lo que Jesucristo requería de mí: encontrar a creyentes cristianos y decirles de mi
sanidad y luego ser bautizada.
El señor Majar, en cambio, veía un poco más allá que yo:
- No lleve ningún dinero ni tampoco joyas. Si lo hace, es posible que después del bautismo
algunos quisieran pleitear con los cristianos.-
Lo dijo con mucha seriedad y yo lo miré interpretando bien lo que quería decir. Hablaba de
una ruptura clara, como si yo tuviera que dejarlo todo detrás de mi. ¿Todo? ¿Dinero, joyas,
casa, tierras, familia, amor y sustento? ¿Quería Jesucristo de veras eso de mí? ¿Me habría
dado ese don de sanidad sólo para Quitarme todo lo otro que hacía deseable esta vida?

Aquel día, cuando volví a ver a Razia le dije:
¿Puedo venir a verte dentro de dos días?
Por supuesto dijo Razia . Estaré aquí.
En casa, le d ije a la tía y al tío que iba a estar con Razia en dos días y que debíamos ir a
Lahore.
Firmaré un cheque por setenta y cinco mil rupias para que puedas pagar las cuentas
mientras estoy ausente le dije a mi tío.
¿Dónde vas a alojarte en Lahore? dijo la tía frunciendo el ceño, mostrando que este plan
no le agradaba. Pero no podía negarme el permiso. Yo era una persona libre ahora y,
además, la que firmaba los cheques.

Oh, debo estar con mi hermana y hermano dije sin pensarlo mucho , Escribiré una
carta.

 El día siguiente le pedía la tía que me acompañara a la tumba de mi padre. Esa señal de
devoción le pareció bien. Tomamos flores del jardín y las deposité allí con sentimientos
difíciles de describir. El respeto por su memoria, se mezclaba con la comprensión de que la
eternidad no era un paraíso de comodidades materiales, como él me había enseñado, sino la
presencia misma de Jesucristo.
En mi última noche fui al jardín donde me había sentado tantas veces en mis años de
desesperanza. De pie en el lugar donde había descansado el ataúd de mi padre, pensé de
nuevo en él, con tristeza y por un largo rato.
El sol se hundió en una hoguera roja, tiñendo las paredes de la casa campestre. Caminé entre las flores, frutas y hojas, oliendo las fragancias mezcladas de las rosas y de los naranjos florecidos. Una suave brisa nocturna hacía murmurar las hojas de los naranjos y de los mangos, mientras el cielo, encima de mí, era surcado por tintes púrpura y azul nocturno.
Apareció la luna, grande como un melón, y las estrella; se veían salpicadas como pequeños
diamantes en estuches de aterciopelada noche. Se habían encendido las luces en la casa
campestre detrás de mí, de modo que todo brillaba cálido y seguro. Todavía vacilaba.
Ahora que debía dejarlo, era como si lo estuviera viendo por primera vez y no permití que
me atemorizaran ni siquiera las sombras horripilantes que se arrastraban debajo de los
árboles.
¿Por qué bautizarme? Puedo ser una seguidora de Jesucristo sin hacerla. En cambio,
si lo hago, puedo llegar a perderlo todo .
.
Ese pensamiento volvía como a la deriva surgiendo de entre las sombras. Como si fuera en
respuesta a eso, vino a mi mente como una voz suave un versículo que había leído:
"El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí ... el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí" (Mateo 10:37,38).

EL VELO RASGADO- POR GULSHAM ESTHER

 EL VELO RASGADO
POR GULSHAN ESTHER Y THELMA SANGTER

Mis ojos se llenaron de lágrimas.
No estoy pensando en esos impedimentos. Sólo lo que Jesús Emmanuel me mostró. El
me levantó y me dio luz. Quiero saber más acerca de El, y El me envió a usted para recibir
ayuda. Por favor, ayúdeme.
Como respuesta me dio un Nuevo Testamento en urdu y un libro llamado Los Mártires de
Cartago. Luego hizo una hermosa oración, cuyas palabras expresaron sentimientos tan
simples como la hermandad y la bondad. Me sentí fortalecida.
Al salir de su casa volví a tomar una tonga, para regresar a casa de Razia y estar a tiempo
para el almuerzo.
No hablé sobre mi viaje y sólo dije:
Conseguí lo que buscaba, pero el problema no está resuelto aún.
Entonces cambié de tema y nos reímos y conversamos como si nada extraño hubiera
sucedido. En eso llegó Majeed para llevarme a casa.
La tía me había estado buscando. Me miró absorta, pero me volví, sintiendo como si lo que
había experimentado estuviera escrito en mi rostro.
¿Cómo estaba Razia? preguntó.
Bien, tiene algunos alumnos buenos y está contenta porque su hermana se ha casado.
Es una lástima que no la hayan casado a ella, pero supongo que la familia no tiene dinero
para la dote.
Es cierto. Aún necesita tomar alumnos para ayudar a sus padres, pues el negocio que
tienen es pequeño.
En otros tiempos ese tipo de chismes nos hubiera entretenido por varias horas, -pero la
nueva Gulshan tenía ahora temas mucho más interesantes.
Me disculpé, fui a mi dormitorio y cerré la puerta. Después me tiré sobre la cama Y
descansé. Me sentía físicamente agotada.

Esa noche comencé a leer mi Nuevo Testamento en forma secreta. ¿A qué se parecía?
Pregúntele a una persona sedienta a qué se parece el agua. Pregúntele a un bebé a qué se parece la leche de la madre. Yo, que había sido alimentada con cáscaras, ahora tenía pan para saciar el hambre, y así leí la verdad sobre la vida humana Y sobre el destino, según estaba escrita en aquellas páginas Jesucristo me dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida." Sus palabras registradas en los evangelios iluminaron mi entendimiento. Nunca había podido entender el Corán sin ser guiada. Este libro era distinto a todos abrió mis ojos espirituales. Sus historias cobraban vida a medida que las leía. En mi asombrosa visión encontré a los doce discípulos que habían acompañado a Jesucristo ..
Hallé, palabra por palabra, la oración que había aprendido a los pies de Jesús Emmanuel.
Descubrí el significado de ese nombre precioso que se me había dado en la visión:
Yo soy Jesucristo. Yo soy Emmanuel... Dios con nosotros."
Me habían enseñado a pensar acerca de Dios como un ser remoto e inalcanzable. Aquí
estaba, por fin, la explicación del poder divino de Jesucristo y de su misión:
El podía resucitar a los muertos porque era el Señor de la vida. Prometió venir otra vez,
porque vive para siempre. Tiene poder por la eternidad, porque es Dios y no simplemente
un profeta.
"Yo soy el camino, la verdad y la vida." Ahora comprendía eso como la verdadera síntesis
de la singular Persona que es Jesucristo.

Al continuar mi lectura encontré pasajes referentes al bautismo. Leí en Marcos 1:9-11 que
Jesús fue bautizado. En Romanos-6:4 leí: A fin de como Cristo resucitó de los muertos por
la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nuev
a."
Vida nueva. Eso era lo que estaba experimentando, como si me hubiera sumergido en una
fresca corriente de agua que brotaba, trayendo una vida estimulante a cada parte de mi ser.
Ese bautismo era una señal y un sello de esa experiencia.
Mientras meditaba en eso, se presentó delante de mí una figura, de una joven triste, sentada
sobre un taburete, mientras sus criadas derramaban sobre ella el agua del pozo de Zamzam.
Zamzam, el agua de vida, no había limpiado mis pecados ni había traído vida a mi carne
muerta. Jesucristo me había dado el agua espiritual de la vida para mi cuerpo paralizado y
para mi alma. Ahora quería ser sepultada con El en el bautismo. Pensé en eso, aunque no
comprendía plenamente todo el poder de lo que estaba contemplando, ni tampoco qué
cambios produciría en mi vida...
He testificado me dije a mí misma . Entonces he hecho lo que Jesucristo me pidió.
Puedo ser bautizada y luego volver aquí y vivir la vida nueva, ¿no es así?
La pregunta flotaba en el aire, sin ninguna voz que la confirmara o la negara. Pero el rostro
de mi padre se presentó delante de mí y sentí un dolor como si me hubieran clavado un
cuchillo en el corazón.
"Oh, padre, perdóname, pero tengo que seguir a Jesucristo, quien me ha sanado."
En mi aflicción hablé en voz alta. De inmediato, una profunda paz vino sobre mí y di por
cierto que ese era el Camino recto que debía seguir. Nada ni nadie podría detenerme ahora.
El 12 de marzo había terminado de leer el Nuevo Testamento. También había leído de
corrido Los Mártires de Cartago
. Estaba lleno de historias sobre los primeros cristianos que
fueron arrojados a los leones quemados en el fuego y tratados en formas indescriptibles y
habían permanecido fieles. Comprendí el mensaje que me trasmitía. No cambié mi decisión
en lo más mínimo,

LAS TARDES CON LA ABUELA-( De España a Huehuetenango 2)

LAS TARDES CON LA ABUELA
RETRATO DE FAMILIA EN LA DISTANCIA
OSCAR MAYORGA

CONSEJO ESTATAL PARA LAS CULTURAS Y LAS ARTES DE CHIAPAS

Después de un tiempo, los otros dos se dirigieron a
Quezaltenango. Luis Maldonado se quedó a trabajar con su
tío quien lo inició en el comercio del café, cultivo que estaba

iniciándose apenas y que sería estimulado años más tarde,
durante el régimen del presidente Justo Rufino Barrios. Luis
se dedicaba a comprar las cosechas de los pequeños agricultores
antes de que éstas se recogieran, dándoles préstamos
adelantados que generaban intereses y que le aseguraban los
quintales de café a un precio muy bajo. Él entregaba el producto
obtenido a los grandes propietarios de fincas cafetaleras
de la costa para los que trabajaba y se quedaba con una
buena comisión. A pesar de que muchas veces su conciencia
le reprochaba ese tipo de trabajo que atentaba contra los
campesinos, se daba cuenta de que, por sí solo, no podía
cambiar las cosas. Se prometió que nunca olvidaría que lo
que él ganaba era gracias al esfuerzo de mucha gente y que,
siempre que pudiera, ayudaría a los que lo necesitaran
. Como
era inteligente y tenía buen trato con la gente, muy pronto
Luis desarrolló muchas habilidades para esas operaciones en
las que él no arriesgaba más que su propio tiempo y su trabajo.
Él era un mero intermediario, habilitador, se le llamaba,
pero que ganaba más que los campesinos que trabajaban
duramente a lo largo de todo el año.

—Una injusticia más del sistema en que se vivía y que no
ha cambiado mucho desde entonces –dijo la abuela Pina.
Después de unos años, Luis llegó a hacer un pequeño
capital y entonces pensó en fundar una familia en aquella
tierra tan próspera para él.
En Guatemala se vivía mejor que
en su pueblo y no dudó un momento en quedarse definitivamente
allí.
Además de que le gustaba el país, se entendía
muy bien con la gente y, en general, era feliz, mucho más
de lo que jamás lo fuera en su propia tierra
. En Valencia
había dejado a una novia
con la que había mantenido
correspondencia durante esos años. Su recuerdo había sido
siempre un estímulo para progresar porque al partir de
Valencia le había prometido que volvería para casarse con
ella. Ella también le había hecho una promesa.
Te esperaré todo el tiempo que sea necesario –le había

dicho cuando él partió y se lo reiteraba en casi todas las cartas.
Cuando Luis consideró oportuno, le escribió a los padres
de la joven pidiéndoles la mano de su hija
. Regresar a casarse
a Valencia significaba un desembolso de dinero que
podía evitarse si la boda se hacía por poder y ella venía a
América
donde estaría esperándola.
La familia Fernández
aceptó porque conocía bien a Luis y a toda la familia Maldonado.
Trinidad Fernández era una bellísima joven de largos
cabellos rubios y rizados, grandes ojos verdes, risueños, como palomas soñadoras.
Tenía veinticuatro años y si bien
su familia tenía un remoto origen sefardita, en aquel entonces
todos eran ya cristianos. Marranos, les solían llamar en
Valencia a los Fernández en el pasado,
le había contado su
abuela a Trinidad.
Los Fernández, como muchas otras familias de apellidos
terminados en “ez” (que significa “hijo de”) como: López,
Sánchez, Ramírez, Martínez, González o Méndez, se decía
que eran de origen sefardita, de aquellos hebreos radicados en la Península Ibérica
desde tiempos de los romanos y que
habían sido expulsados en tiempos de los Reyes Católicos.

Pero la tradición contaba que ellos esperaban regresar un día a la antigua Sefarad, como llamaban a España, y se habían llevado consigo al partir la llave de su casa. Comunidades
enteras de esos sefarditas expulsados conservaron su lengua,
el ladino, especie de español antiguo, y sus costumbres,
donde quiera que se establecieron.
Los que abjuraron de su
fe hebrea, se convirtieron al cristianismo y pudieron salvarse
de la muerte o del exilio. Porque muchos de ellos perdieron
la vida en la Inquisición, acusados de seguir practicando su
religión. Como solían ser familias acomodadas, al ejecutarlos
se decomisaban sus propiedades, por lo que la denuncia verdadera
o falsa contra los judíos, tenía también un interés económico.
La ignorancia de la época los acusaba de practicar
misas negras y orgías donde se alimentaban con carne de
niños recién nacidos. El apelativo de marranos era infaman

te, pero los sefarditas lo portaban hasta cierto punto con orgullo,
porque significaba que eran distintos, que seguían siendo
el Pueblo Escogido y que seguirían siendo fieles a su fe en el
Dios único, cuyo nombre es Santo.
Cuando Luis conoció a Trinidad, que vivía en un pueblo
vecino al suyo, la familia Fernández estaba ya completamente
integrada a la cultura cristiana de los lugareños.
Sin embargo,
algo quedaba de aquel rescoldo lejano y los propios hermanos
de Luis se referían a la joven Trinidad como la
Marrana.
Cuando él partió rumbo a América ella le prometió
por su Dios que lo esperaría toda la vida. Y Luis cumpliría su
promesa de casarse con ella

miércoles, 7 de diciembre de 2016

404-457 PADRON VILLA DE GUEGUETENNAGO- 1813



 INVESTIGADO Y DIGITALIZAD
POR  SAMUELSONCIUDADEPAZ
 PARA MI QUERIDO HUEHUETENANGO

404-HENRIQUE CASTILLO ESPAÑOL- SOLTERO
1773-40

405-LAZARO SAMAYOA - MESTIZO -SOLTERO
1733 80 AÑOS
406-JUANA JUAREZ  -MESTIZA- HUERFANA
1793 20 AÑOS

407-JOSE MENDEZ- MESTIZO -CASADO
1753-60 AÑOS
408-MARIA MOLINA -ESPAÑOLA
1773.40 AÑOS
409-MANUEL MENDEZ MOLINA  MESTIZA
1795-18 AÑOS
410-JUZTO MENDEZ MOLINA- MESTIZA
1799-14 AÑOS
411-DOMINGO MENDEZ MOLINA -MESTIZA
1801-12 AÑOS
412-MARIA CRUZ MENDEZ MOLINA - MESTIZA
1803-10 AÑOS
413-CANDELARIA MENDEZ MOLINA - MESTIZA
1805-8 AÑOS
414-THOMASA MENDEZ MOLINA  -MESTIZA
1807-6 AÑOS
415-JUAN MANUEL MENDEZ MOLINA - MESTIZA
1809-4 AÑOS
416-SENONA ARREAGA   ESPAÑOLA -ENTENADA 
1785 28 AÑOS

417-VICENTE  SAMBRANO - CASADO- LADINO
1781 32 AÑOS
418-EUSEVIA  GUTIERREZ - MESTIZA 
1775 38  AÑOS
419-HILARIA  SAMBRANO  GUTIERREZ -LADINA
1804 9  AÑOS
420-MARIA  ENTENADA - MESTIZA    
1799 14  AÑOS

421-JUAN SOSA – CASADO- MESTIZO 
1787 26 AÑOS
422-MARIA GOMEZ- YNDIA 
1793 20 AÑOS

423-LUCIANO GOMEZ -MESTIZO - CASADO
1793 20 AÑOS
424-PAULINA RIVAS -MESTIZA
1794 19 AÑOS
425-SEBASTIAN GOMEZ RIVAS -MESTIZO
1812 1 AÑO

426-SEBASTIANA CHAVEZ -MESTIZA -SOLTERA 
1763 50 AÑOS
427-RAMON CHAVEZ  -MESTIZO
 1794 19 AÑOS
428-FELIPA  CHAVEZ- MESTIZA 
1812 1 AÑOS

429-MARCELO RIVAS - CASADO -MESTIZO
1788 25 AÑOS
430-VENTURA  PRADO - MESTIZA  
1791 22 AÑOS
431-FELIPA  RIVAS  PRADO  -MESTIZA 
1806 7 AÑOS
432-MARIA RIVAS PRADO- MESTIZA
1807 6 AÑOS
433-ELIGIA RIVAS PRADO- MESTIZA 
1810 3 AÑOS
434-CRESTINA RIVAS PRADO -MESTIZA 
1812 1 AÑO

435-JULIAN HERRERA -MESTIZO -CASADO
1787 26 AÑOS
436-JUANA HERRERA - MESTIZA
1789 24 AÑOS
437-JOSE MARIA HERRERA HERRERA- MESTIZA
1805 8 AÑOS
438-MARIA HERRERA  HERRERA - MESTIZA 
1807 6  AÑOS
439-JULIO  HERRERA HERRERA 
 MESES DE EDAD

440-RAMON PALACIOS -MESTIZO -CASADO
 1783 30 AÑOS
441-MARIA MATIAS LOPEZ  Y (DE LOS) RIOS -MESTIZA 
1788 25  AÑOS
442-MARIANO  PALACIOS LOPEZ- MESTIZO
1803 10 AÑOS
443-JOSE GUADALUPE PALACIOS LOPEZ  - MESTIZO 
1805 8 AÑOS
444- JOSE GUADALUPE PALACIOS LOPEZ  -(ANCESTRO DE MARTA, EMERITA LETONA, ARCADIO Y REYNA ISABEL LOPEZ PALACIOS
 DE JUMAJ, ZONA 6-HUEHUETENANGO)- Y DE SAMUELSONCIUDADEPAZ
445-EUSEVIA  PALACIOS  LOPEZ - MESTIZA
1808 5 AÑOS
446-CANDELARIA  PALACIOS LOPEZ -MESTIZA
1810 3 AÑOS
447-FRANCISCA  PALACIOS  LOPEZ 
1811 2 AÑOS
   
448-JULIAN PALACIOS - MESTIZO  -CASADO 

1779 34  AÑOS
449-GREGORIA LOPEZ - MESTIZA 
1781 32  AÑOS
450-TOMASA  PALACIOS LOPEZ  -MESTIZA 
1798 15 AÑOS
451-JUANA MANUELA PALACIOS LOPEZ -MESTIZA
 1800 13 AÑOS
452-YNOCENCIO PALACIOS LOPEZ -MESTIZO 
1803 10 AÑOS
453-FRANCISCO  PALACIOS - MESTIZO 
1805 8  AÑOS
454-CATARINA  PALACIOS  LOPEZ  -MESTIZO
1807 6 AÑOS
455-MARCELINO PALACIOS  LOPEZ - MESTIZO 
1808 5  AÑOS
456-MARIANO  PALACIOS  LOPEZ  -MESTIZO
 1810 3  AÑOS
457-CANDELARIA  PALACIOS   LOPEZ -MESTIZA
MESES DE EDAD



LAS TARDES CON LA ABUELA- De España a Huehuetenango

LAS TARDES
CON LA ABUELA
RETRATO DE FAMILIA EN LA DISTANCIA

OSCAR MAYORGA

CONSEJO ESTATAL PARA LAS CULTURAS Y LAS ARTES DE CHIAPAS

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Ahora te contaré de la rama española de mi familia, los
Maldonado Fernández
–dijo la abuela en otra de aquellas tardes
de café y pastelillos en el corredor de la Casa de las
Bugambilias.
Andrés había partido a la Ciudad de México a continuar
sus estudios en la Universidad Nacional, poco después de su
cumpleaños. Ahora estaba de vacaciones de Navidad y,
como siempre, visitaba a la abuela Pina, para continuar con
las conversaciones que cumplían con el regalo de cumpleaños.
Era la época de secas y las tardes eran más calurosas
que cuando llovía. En varias ocasiones la visita de Andrés a
su abuela se prolongaba más de lo acostumbrado y más de
una vez se había quedado a cenar con ella. Su madre se quejaba
de que él pasaba más tiempo de sus vacaciones en casa
de la abuela que en su propia casa, pero Andrés no se preocupaba
mucho porque cada vez disfrutaba más lo que Pina
Maldonado le contaba.
A lo largo de todas esas charlas, la
relación entre ellos se había fortalecido mucho más. Andrés
admiraba la lucidez, la sensibilidad y la inteligencia de su
abuela y sus grandes dotes de narradora.
¿Por qué nunca escribiste todo esto? –le preguntó una vez.
—Para darte la oportunidad de que un día lo hicieras tú
–le había contestado ella sonriendo. Andrés sabía, lo sabía
toda la familia, que la abuela llevaba un diario, pero él no se
atrevió nunca a pedirle que se lo dejara leer. Prefería esas
confidencias de las tardes que eran sólo de ellos dos.
  Luis Maldonado nació en un pueblo de los alrededores de

 Valencia, España, a principios del siglo XIX, hacia 1805. Su
familia, como tantas otras de su pueblo, vivía agobiada por
la situación económica de la época y el número de hijos que
aumentaba fielmente casi cada año. “Madre estaba siempre
embarazada; no la recuerdo de otra manera: siempre estaba
esperando un hijo –recordaba años después Luis cuando
les hablaba a sus hijos de su infancia en el pueblo
–. No sé
cuántos fuimos porque varios murieron muy chicos, yo
recuerdo sólo a ocho; la vida de aquel tiempo era muy dura
para los campesinos”
, les decía. La poca tierra con que los
Maldonado de Valencia contaban iba a ser la herencia del
primogénito;
el hermano segundo y los que seguían después,
tendrían que buscar en otras partes un destino mejor.
Si tenían suerte, encontrarían a alguna heredera de algunas
tierras, se casarían con ella y así se harían de una propiedad
que trabajarían para su nueva familia que, con el tiempo,
repetiría el mismo esquema. Pero eso no sucedía siempre;
muchas veces los jóvenes tenían que dejar el pueblo y la
patria y buscar fortuna en otras partes
. Se esperaba también
que las hijas se casaran con alguno que tuviera los medios
para asegurar su futuro. “Sí, eran épocas difíciles, se trabajaba
mucho y se rendía poco y aunque nacían muchos hijos,
había también una gran mortalidad infantil”.
Muy joven Luis Maldonado emigró a América a pesar de
que las antiguas colonias estaban en plena ebullición independentista
.
No obstante haber nacido en un pequeño pueblo
campesino donde había que trabajar duro para sacarle un
poco de provecho a la tierra y cuidar los rebaños de ovejas
desde que era niño, o tal vez por eso, Luis tuvo desde muy
pequeño la inquietud de conocer el mundo. No había podido
siquiera terminar la escuela primaria, pero de jovencito le gustaba
leer los libros que caían en sus manos, especialmente
aquellos que narraban viajes y aventuras.
“El mundo es muy
grande, pensaba, para quedarse encerrado entre los cerros del
pueblo”.
Por eso, en cuanto pudo, con el entusiasmo de la

 juventud, decidió cruzar el Atlántico, conocer un poco del llamado
Nuevo Mundo y probar fortuna en aquellas tierras de
Dios.
Era muy piadoso y tenía confianza en que Dios lo cuidaba
en todo momento. Su madre le había enseñado, junto con
sus hermanos, desde que era muy chico, a rezar todas las tardes,
al final de la jornada. La familia entera, que aumentaba
con la continua llegada de los hijos, se reunía junto al hogar de
la chimenea y rezaban juntos el rosario a la caída de la tarde.
Después, una vez que los niños se iban a la cama, la madre
iba a darles en la frente el beso de las buenas noches y rezaba
con ellos una invocación al Ángel de la guarda, que Luis
nunca olvidó. Hasta el final de su vida seguía repitiendo todas
las mañanas al despertarse y cada noche antes de conciliar el
sueño: “Ángel de mi guarda, dulce compañía, vela junto a mí
de noche y de día, no me desampares que me perdería”.
Junto con un primo y otro muchacho, amigo de ambos,
se embarcó en Barcelona y partió rumbo al Nuevo Mundo,

que seguía siendo tierra de esperanza para iniciar una vida
mejor. Como eran jóvenes, los tres valencianos tenían el
corazón pronto a la aventura y a lo inesperado. Después de
un viaje de muchos días, sin mayores problemas, a través
del Atlántico, desembarcaron en Cuba y de allí, después de
muchas peripecias, unos meses más tarde, pudieron comunicarse
con un tío de los Maldonado que vivía en
Guatemala. El tío los animó a establecerse en la capital, llamada
todavía la Nueva Guatemala o Guatemala de la
Asunción,
que sustituyó a la Antigua, destruida por un terremoto
muchos años atrás, en 1773, la que, a su vez, había
sustituido a la primera ciudad de Guatemala, llamada
Santiago de los Caballeros, fundada por Pedro de Alvarado
en 1513 y destruida por el Volcán de Agua que la había inundado
completamente durante la erupción de 1541.